De hecho, podemos dormir tranquilos al comprobar que fue Gualtiero Marchesi, seguramente el más conocido de los grandes chefs de Italia y el padre de la Nueva Cocina Italiana, el primero que cometió el sacrilegio de hacer una salsa carbonara con nata.
Gualtiero Marchesi sería a la cocina italiana lo que Juan Mari Arzak es a la cocina española o lo que Paul Bocuse significaría para la cocina francesa.
Un auténtico revolucionario al que, aunque haya fallecido hace años, habría que haber pedido cuentas por enturbiar la carbonara con nata.
Y tampoco es que fuera el guanciale el elemento fundacional de esta pasta, pues las primeras recetas hablaban simplemente de utilizar panceta y no necesariamente guanciale.
Así lo replicaron Luigi Carnacina e Luigi Veronelli, cocinero y gastronómo, editores del recetario La Grande Cucina que vio la luz en 1960 y donde apuntaron al uso del guanciale.
De hecho, sería el propio Veronelli el que en libros de recetas posteriores como Cucina con allegria y en La Cucina Rustica Regionale empezaría a utilizar nata en la carbonara.
El boom, no obstante, llegaría en 1989 cuando Gualtiero Marchesi, el primer chef italiano en conseguir tres estrellas Michelin, publica La Cucina Regionale Italiana y lo hace indicando una cantidad generosa de nata para su carbonara.
Sin embargo, el uso de la nata en las carbonaras italianas tocaría a su fin ya en la década de los noventa del siglo XX, cuando se produce un cierto repunte de pureza.
Así que, si algún italiano os pretende pintar la cara por el uso de carbonaras con nata, con beicon o panceta, o por hacer un sofrito con cebolla, enseñadles este artículo y recordadles que fue Marchesi el primer gran chef en utilizar nata en la carbonara.